Entre trincheras y consensos: “Reformar sin madurez institucional es como desarmar un reloj”


A sus 65 años, Manfredo María Ramírez Jou, dirigente colorado y abogado, recuerda con nitidez los días en que la política paraguaya se debatía entre la incertidumbre y la esperanza. Fue uno de los convencionales que vivió con mayor intensidad los momentos más tensos de la Convención Nacional Constituyente de 1991-1992, cuando el país se jugaba el nacimiento de una nueva democracia.

Su testimonio revela cómo los consensos democráticos se abrieron paso incluso entre episodios de presión y riesgo.

Ramírez Jou evoca una escena digna de una crónica histórica: junio de 1992, el plenario listo para proclamar la nueva Constitución, pero el presidente Andrés Rodríguez se resistía a jurarla frente a los convencionales que lo habían criticado. “Estuvimos cuatro días atrincherados en el Banco Central para hacer la jura”, recuerda.

Mientras en las calles se debatía si el Ejecutivo aceptaría las disposiciones sobre la reelección presidencial, dentro del recinto los constituyentes se mantenían firmes.

 La anécdota, cargada de tensión, muestra que el derecho constitucional no solo se escribe: también se defiende con coraje.

Construir consensos en medio del ruido

Pese al clima político incierto, el proceso deliberativo se desarrolló con apertura y transparencia.

“Las expectativas de cambios y de estabilidad se manejaron de manera prolija; no había nada oscuro en las propuestas”, asegura Ramírez Jou.

La nueva Constitución introdujo avances inéditos: desde la prohibición de que una autoridad retenga el documento de identidad hasta el reconocimiento de la libertad religiosa, una discusión que no estuvo exenta de polémica.

“Hubo misas y comunicados de obispos que nos amenazaban con la excomunión por consagrar la libertad de cultos”, recuerda con una sonrisa.

A más de tres décadas de aquella gesta, Ramírez Jou considera que la Carta del 92 fue ambiciosa, incluso “literariamente excesiva” en algunos pasajes, lo que hoy genera interpretaciones contradictorias. Sin embargo, advierte sobre el peligro de promover reformas sin la madurez institucional necesaria.

“La Constitución es como un reloj: un conjunto de piezas que funcionan coordinadas; si tocás una, corrés el riesgo de que todo deje de funcionar”.

Reconoce que hay temas que merecen revisión —como el sistema de justicia o la acción de inconstitucionalidad—, pero insiste en que solo deben abordarse desde un auténtico interés público, no bajo cálculos partidarios o coyunturales.

Un mensaje a las nuevas generaciones

Ramírez Jou llama a los jóvenes a mirar la Constitución no como un texto lejano, sino como un contrato vivo que protege derechos y organiza el poder. “Cada artículo costó discusiones, renuncias y noches sin dormir. Defenderlo es honrar ese esfuerzo”.

Su balance, más de 30 años después, es optimista: la Constitución de 1992 sigue siendo un baluarte contra los excesos del poder. Pero advierte que ningún texto, por sólido que sea, puede sostenerse sin ciudadanos vigilantes. 

“La democracia es frágil -dice-, pero vale cada esfuerzo por mantenerla en pie”.

Ficha técnica

Entrevistado: Manfredo María Ramírez Jou – Convencional Constituyente (ANR).
Autores de la entrevista: Martín Argüello, Ignacio Marín y Florencia Neffa – Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas, UC.

Fecha de realización de entrevistas: mayo, 2025.
Dirección: Docentes Enrique Marín Fontclara y Gustavo Bóveda Romero (Facultad de Ciencias Jurídicas y Diplomáticas de la UC).
Colaboración: Docente Martín Salcedo Villalba.
Coordinación operativa: Meritxell Seall Zavala (estudiante de 6º curso).
Edición: Estudiantes de la carrera de Periodismo: Isabela Marini (Pasantía IV), Dominga Maidana (Pasantía IV) y Marthina Apodaca (Pasantía II).

Revisión editorial: Docente Adelaida Galeano Pasantía y Práctica Profesional IV.

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